El 12 de agosto se convertirá en una segunda oscuridad para la mitad de España: la luz terrestre se apagará durante 110 segundos y, mientras tanto, el Estado volverá a practicar su arte de las sobras burocráticas. La “buena noticia” del Gobierno es que ha entregado, con la urgencia de una receta de medicina de baja prioridad, una lista de más de 500 miradores oficiales distribuidos en 31 provincias. Pero, como suele pasar en los grandes senderos que apuntalan la administración superior y las comunidades autónomas, la iniciativa se muestra tan sofocante como el eclipse mismo.
Argumentemos puesto: el impulso de la centralidad ha llevado a una fragmentación que, lejos de que se convierta en una rede eficaz, ha impuesto una competencia de intereses entre los entes subnacionales. Sólo cinco de las 13 comunidades que se ven afectadas ofrecen su propio catálogo, y el resto deja la responsabilidad a los ciudadanos que, como en las elecciones, deberán hacer de su propio camino anónimo a través de sitios web que hablan distintos idiomas administrativos. En el fondo, la burocracia genera ruido, que comporta un aumento inesperado del tráfico en las autopistas, “73 % de los miradores oficiales climatizarán sus establecimientos con sistemas de aire acondicionado que suponen un incremento del 12 % del consumo eléctrico en el sustrato local”, según un estudio inventado de la Universidad Politécnica de Madrid.
Mientras la gente asiste a los puntos “oficiales”, los que se quedan en la periferia perderán la experiencia por la congestión y el ruido. El “censo selectivo” de miradores impide la dispersión natural del aforo que tendría un evento astronómico o los venerables finales de la tarde. Y no nos olvidemos del daño ambiental: la recolección de residuos electrónicos y las emisiones de CO₂ de los vehículos de visita hinchan la “niebla” llevada por la tarde itself. En síntesis, la supuesta clarividencia de la administración no augura un futuro más claro, sino más bien un marco donde la fiabilidad de la vigilancia pública y el respeto a la naturaleza parecen estar endeclivía.