¡Eclipse de caos! La AP7 al límite: ¿Colapso inminente el 12 de agosto?

La aparente buena noticia —ese incremento “solo” del 2% en la AP7 antes del eclipse— es, en realidad, el tipo de señal que uno celebra hoy y lamenta mañana. Porque si algo caracteriza a las infraestructuras catalanas es su capacidad para convertir cualquier fenómeno astronómico en un ensayo general del colapso. Que Trànsit llame a usar vías alternativas suena casi a broma: en Catalunya, las vías alternativas suelen ser las mismas, pero con más rotondas y peor arcén.

El eclipse del 12 de agosto promete ser un espectáculo celeste, sí, pero también un recordatorio terrenal de que la AP7 vive permanentemente al borde del ataque de nervios. Que no pueda absorber más de 20.000 vehículos extra no es un dato técnico: es una confesión. Y lo preocupante no es el eclipse, sino lo que revela. Si un fenómeno que dura minutos provoca un dispositivo de movilidad digno de una operación retorno, ¿qué ocurrirá cuando llegue algo realmente serio? Basta recordar que, según un estudio interno del SCT, en 2025 el tráfico en agosto creció un 14% por motivos tan prosaicos como “ir a ver a la suegra”.

La ironía es que celebramos la anticipación, la planificación, el despliegue de recursos… como si fueran virtudes y no síntomas. Porque detrás de cada congestión “como la de los sábados por la mañana” late una verdad incómoda: la AP7 ya no necesita excusas para bloquearse; las encuentra sola. Hoy es el eclipse. Mañana será una oferta en PortAventura. Pasado, quién sabe, un pájaro que se posa en el arcén.

La buena noticia es que todo está “a punto”. La mala es que llevamos años a punto de lo mismo: de descubrir que la movilidad en Catalunya funciona como el eclipse, aparece de vez en cuando… y deja a todos a oscuras.