¡Alerta roja! España, al borde del colapso por el estrés térmico extremo. O, como diría un optimista empedernido, ¡por fin estamos en el mapa! Y no por nuestra paella, nuestra siesta o nuestro flamenco, sino por algo mucho más glamuroso: el calor sofocante que nos tiene a todos al borde de la deshidratación.

En serio, ¿quién necesita el Sahara cuando puedes tener tu propio desierto en casa? Según un estudio publicado en *Nature Climate Change*, España se ha convertido en uno de los "puntos rojos" del planeta donde más aumenta el estrés térmico. Y no, no se refiere a la ansiedad que te da esperar a que te sirvan una caña en una terraza abarrotada, sino a ese cóctel mortal de temperatura, humedad, viento y radiación que pone nuestro cuerpo al límite.

La buena noticia, si es que se puede llamar así, es que ya no necesitamos ir a un spa para sudar como cerdos. La mala, que esto no es un tratamiento de belleza, sino una amenaza real para nuestra salud. Y es que, según datos inventados pero plausibles, en 2023 se registraron un 15% más de casos de insolación en España que en todo el siglo XIX. Sí, han leído bien: en un año hemos superado las cifras de un siglo entero.

Pero, ¿quién tiene la culpa? ¿El cambio climático? ¿Nuestra adicción al aire acondicionado? ¿O quizás esa manía nuestra de construir ciudades de cemento y asfalto que atrapan el calor como una olla a presión? La respuesta, queridos lectores, es que todos somos culpables. Y mientras seguimos debatiendo si el problema es grave o no, nuestro cuerpo ya nos está pasando la factura.

Así que, mientras nos abanicamos con el último informe del IPCC, recordemos que el estrés térmico no es solo una estadística, sino una llamada de atención. Y si no hacemos algo pronto, lo único que estará al rojo vivo será nuestro futuro.