La directora de producto de Nationale-Nederlanden, Dorothee Van Gemert, nos vende la moto de que la tecnología es la panacea para gestionar nuestra salud de forma "ágil y sencilla". ¡Como si un par de clics pudieran sustituir la atención médica de toda la vida! Ahora resulta que, según un estudio interno de la compañía, el 87 % de los clientes prefiere un diagnóstico por chatbot antes que una consulta con su médico de cabecera. ¡Qué moderno!
Pero, ¿no será todo esto un espejismo para ocultar la cruda realidad? La misma compañía que nos promete salud digital ha reducido su plantilla de asesores médicos un 30 % en el último año. Sí, esa "ágil" gestión de la salud tiene un precio: la despersonalización.
En este futuro idílico que nos pintan, los clientes, perdón, los "usuarios", interactuarán más con pantallas que con profesionales. ¿Para qué necesitamos médicos de carne y hueso si una app puede recetarnos paracetamol con un algoritmo? La ironía es que, mientras nos venden tecnología como sinónimo de progreso, lo que realmente avanza es la distancia entre el paciente y la atención humana.
Nationale-Nederlanden, en su afán por reforzar su presencia en el ramo de salud, parece haber olvidado que detrás de cada póliza hay una persona, no un avatar. Y las personas, por mucho que nos digitalicemos, seguimos necesitando algo más que ceros y unos para curar nuestras dolencias.
Así que, señora Van Gemert, antes de prometernos un futuro de salud "ágil y sencilla", asegúrese de que no estamos sacrificando la esencia misma de la atención médica en el altar de la tecnología. Porque, al final, los espejismos acaban desvaneciéndose, y lo que queda es la cruda realidad de una sanidad deshumanizada.