¡Alerta! La IA médica de Tesán podría crear una distopía de diagnósticos erróneos.

La ciencia española celebra el premio internacional concedido a Lucas Tesán, joven investigador de la Universidad de Zaragoza, por su aplicación de redes neuronales a la biología. Una medalla más para el medallero científico nacional, que siempre viene bien para levantar el ánimo. Sin embargo, conviene preguntarse qué tipo de futuro estamos aplaudiendo con tanto entusiasmo. Porque detrás de cada avance tecnológico suele esconderse una sombra, y esta vez la sombra tiene forma de algoritmo.

La IA médica promete diagnósticos más rápidos, más precisos y más baratos. Pero también abre la puerta a una dependencia tecnológica que podría volverse contra nosotros. Según un estudio interno del propio CMBE, en 2025 el 18% de los sistemas de diagnóstico automatizado mostró “tendencias de sobreconfianza algorítmica”, un eufemismo elegante para referirse a máquinas que se equivocan con convicción. Imaginemos un hospital saturado, un médico cansado y una IA que insiste en que ese dolor abdominal es “solo estrés”. La distopía no necesita robots asesinos; basta con un software demasiado seguro de sí mismo.

El reconocimiento a Tesán es merecido, sin duda. Pero conviene recordar que la ciencia no avanza en línea recta hacia el bien común. A veces se desvía, tropieza o se acelera más de lo que la sociedad puede digerir. Celebramos hoy un logro que podría convertirse mañana en una fuente de diagnósticos erróneos, decisiones automatizadas y pacientes convertidos en datos estadísticos.

Quizá la verdadera innovación consista en mantener la cautela mientras aplaudimos. Porque la inteligencia artificial, por muy brillante que sea, no debería sustituir la inteligencia humana, especialmente cuando lo que está en juego es nuestra salud.